El perro que nunca abandonó a su pueblo

Hachiko es uno de los símbolos nacionales de Japón. Lo descubrí hace unos meses viendo uno de esos programas en los que reporteros españoles viajan por el mundo para encontrarse con personas que nacieron con un micrófono puesto en la solapa. Hachiko es (era) un perro de raza akita que cada tarde acudía a la estación de Shibuya para recoger a su amo, un profesor de la Universidad de Tokyo. El perro se mantuvo fiel a su costumbre hasta que el dueño murió de un ataque al corazón. Es más, aunque el profesor nunca regresó de sus clases, Hachiko lo esperó en la estación durante nueve años. La historia es tan conmovedora, y se hizo tan famosa, que incluso Hollywood, con Richard Gere a la cabeza, le dedicó una película de homenaje.

A menudo las historias más lejanas son las que te despiertan los recuerdos más próximos. Al escuchar la historia de Hachiko no pude evitar acordarme de Tarzán, un perro callejero de Aspe, mi pueblo, del que muchas veces había oído hablar a mis padres o mis abuelos. Al contrario que Hachiko, Tarzán no tenía dueño y, siguiendo la lógica de aquella posguerra alicantina, lo que no era de nadie podía ser de todos. “Todo la gente lo quería”, me contó mi padre cuando traté de rascar información para poder escribir esta entrada.

En Aspe no hay una estación como la de Shibuya, bueno, en realidad en Aspe no hay estación, así que aquel perro blanco de manchas marrones en vez de dormir entre andenes fijó su residencia en la plaza mayor. Si Hachiko esperó a su dueño casi una década, Tarsán, como lo pronunciarían nuestros abuelos, siguió con sus pequeñas patas durante años todas las ceremonias que partían de la iglesia. Las personas que vivieron el Aspe de los 60 recuerdan que, como si de un vigía de la fiesta se tratara, el pequeño can se colocaba en las procesiones al lado de “Tófilo, el de los cuetes” y que cada vez que la pólvora explotaba en el cielo el pequeño perro ladraba. No hubo comuniones, bodas o bautizos que Tarzán no acompañara con su cuadrúpedo paso perruno.

Pero si algo sabemos en Aspe es que hay que saber estar a las duras y a las maduras y Tarzán, como aspense de honor, cumplió con su deber mejor que ningún otro. Cada vez que un vecino del pueblo moría, Tarzán aguardaba en la puerta de la iglesia a que el féretro saliera para acompañar con su solemnidad el kilómetro que separa la basílica del cementerio. Nunca nadie fue enterrado en soledad. No importaba lo bueno o malo que hubieras sido en vida, mientras Tarzán habitó las calles de Aspe, no hubo aspense al que Tarzán no despidiera. Como nunca fue de nadie, decidió agradecérselo a todos.

Hoy la historia del perro que nunca abandonó a su pueblo, este Hachiko a la alicantina, es sólo un entrañable recuerdo que pasa de abuelos a nietos y, aunque una estatua recuerda el cariño que sus vecinos le tenían en Aspe, escribo esta historia porque estoy casi convencido de que Hollywood nunca dedicará una película a nuestro Tarzán.

Qué vida más perra.

tarsán

Tarzán, acompaña una boda. Imagen extraída de La Memoria Rescatada, Felipe Mejías, José María Candela. (Tívoli)

01. julio 2013 by Carlos Torres
Categories: Uncategorized | 16 comments

Comments (16)

  1. La vida que nos rodea nos envía continuas pruebas de que los seres humanos no somos una raza superior. Lástima que la tomemos por loca…

    http://masclaroagua.blogspot.com

  2. MANIFIESTO: PAREMOS LA CRIMINALIZACIÓN DE LA PROTESTA SOCIAL POR VÍA DE CÓDIGO PENAL: http://libertadesdemocraticas.org/manifiesto_protesta_social/ Lee, firma, apoya, difunde.

  3. Pingback: El perro que nunca abandonó a su pueblo

  4. Y yo sin conocer la historia, empiezo a ser medio forastera ya. Ahora me falta encontrar la estatua. Y digo yo… ¿Quién sería el iluminado aspense que le puso el nombre de Tarzán? En este pueblo siempre hemos sido unos modernos.

  5. Esta historia esta hecha pelicula el otro dia la vi en wiki.tv

  6. Preciosa historia, a mi es que no se, me llegan mas los animales que muchas personas. Y tarzán me ha llegado.

    Guau

  7. Me encantan estos perros que “no son de nadie y son de todos”. Todo el mundo los quiere.

  8. Soy de Aspe y no sé dónde hay una estatua de Tarzán, lo sabéis vosotros? Un saludo.

  9. Esta historia yo la conozco bien y me trae muchos recuerdos y un pelín de nostalgia ya que yo nací en el 61 y pude disfrutar de tarsán como creo que todos o casi todos en el pueblo, por que nunca vi un perro mas noble por muchas “perrerías” que le hiciesen. Muchas gracias Carlos por traerme tan bellos recuerdos y creo que mientras haya alguien se acuerde de este can siempre estará vivo en el corazón de alguien. GRACIAS

    • Gracias a ti Fermín por leer la entrada del blog. Me alegro de no haberla “estropeado” y que la gente que conoció a Tarzán en vivo y en directo crea que no lo he contado tan mal. Un abrazo y gracias de nuevo.

  10. Yo también conocí a Tarzan y jugué con él en muchas ocasiones. Desde aquí felicito a mi sobrina María porque su historia de Tarzan me ha llegado al alma.

  11. Soy del Alicante capital y el pasado domingo 1 de Mayo de 2016 he leído en el diario informacion el reportaje dedicado a Tarzan. Su historia auténticamente me ha conmovido. Que grandes valores superando los de muchas personas. Aplaudo calurosamente la iniciativa de dedicar un parque a su memoria después de tantos años. Debió ser muy bueno para que despues de tanto tiempo se le recuerde con tanto afecto.
    Si alguien me puede decir cuando y donde es la inauguración del parque trataré de ir.
    Un abrazo para todos.
    Francisco Oliver

Leave a Reply

Required fields are marked *