El fútbol y Venezuela, sin grises

Ayer grité. El cromagnon que guardo dentro, y al que sólo dejo salir de la cueva los días de partido, se levantó y gruñó al bar entero. El Madrid había marcado el 1 a 1, después de una expulsión más que rigurosa y tras pasear su peor cara durante todo el primer tiempo. No pude evitar sentirme extrañamente bien al ver la cara de rabia de los aficionados del Barça que habían celebrado el gol en propia puerta de Ramos. En el 1 a 2, el resto de madridistas anónimos que poblaban aquel Frankfurt de Barcelona tampoco se contuvieron. Al final lo de siempre, pagar la cuenta y volver a casa con esa sensación que no me deja disfrutar de la alegría: el fútbol me hace peor persona. Dice un amigo que soy de los que primero se emborracha y luego mea culpa. No le falta razón.
Fuera del bar, Barcelona se llovía a mares. Mientras a Diego López le empezaban a llamar Santo, Chávez se había muerto. Los tuiteros corrieron a sus refugios antiaéreos, todas las trincheras tenían aprendidas sus consignas: Cargar la artillería y disparar a discreción. Las combinaciones eran múltiples: Madridistas pro Chavistas, Antichavistas barcelonistas, Barcelonistas pro Chávez y antimourinhistas, antiviolentos proPepe, seguidoras de Justin Bieber-profranquistas antidictaduras unidos por 140 caracteres y dispuestos dar lecciones magistrales sin conocer a fondo el temario. El monstruo del Dr.Frankestein de las redes sociales no necesita rayos para levantarse pero ruge con más fuerza cuando hay tormenta.
Ahora, mientras voy al trabajo y tras leer los titulares, he comprobado que las yihad de hoy en día ya no sólo se libran por religión. Los futbolistas, por ejemplo, son las nuevas divinidades y el fútbol una guerra santa. Leyendo las cabeceras deportivas (las nuevas madrasas) nadie negará que Barça-Madrid suena a Contrarreforma moderna donde la fe ciega va por bandos (mi grito incluido). Al deporte, como a la política, le faltan laicos. En el otro campo de batalla, falta poco para que los partidarios más firmes del chavismo empiecen a atribuir milagros al líder bolivariano y los detractores del antimperialismo dinamiten cualquier prueba objetiva del avance contra la desigualdad social en Venezuela. Puede que después de gritar te arrepientas pero antes te obligarán a escoger entre el me gusta del Facebook o el unfollow de Twitter. Coge la pala y cava la trinchera porque todo es roja o amarilla, negro o blanco. Quizá por eso hoy el día se ha levantado tan gris.

06. marzo 2013 by Carlos Torres
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Comments (4)

  1. Y a veces el que grita solo quiere echar fuera nervios pero pierde la credibilidad y la tranquilidad entre excusas. A veces el laico quiere hacer un compendio/resumen con lo bueno y lo malo de cada religión, y en el chino no venden archivadores de ese tamaño.

  2. Y mientras nos peleamos por los Cristianos, Messis, Chávez y Maduros, se van de rosetas los Rajoy y compañía, que son los que de verdad nos stán haciendo la vida imposible…

    http://masclaroagua.blogspot.com

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