Arrivederci, London.

Brian mai mes, Londres 2012.

En deportes Cuatro ya pueden dormir tranquilos. Ayer, en Londres, se marcaron  una gran ceremonia inaugural de la Liga de Fútbol 2012/2013 para certificar que todo deporte que no practiquen Messi y Cristiano queda anulado hasta dentro de cuatro años.  El toque de queda del olimpismo se inició con la farra chandalera  que tuvieron los deportistas a pie de pista que ríete tú de Joan Laporta. Para contrarrestar la orgía del sudor de las últimas semanas, los organizadores prepararon un espectáculo muy british. Aunque a decir verdad,  entre los bafles, los fluorescentes y la aglomeraciones de ingleses, en algunos momentos el estadio olímpico bien podría haber pasado por Pachá Benidorm.

Así las cosas, a falta de alternativa, un servidor se quedó  toda la noche disfrutando de la versión 2.0 de estar en misa y repicando. Es decir,  con un ojo en tuiter y otro en la televisión. Y, aunque a ratos parecía que Kiss FM había colado a sus esbirros en los responsables de elegir los temas de la ceremonia, doy fe de que lo pasé bien con el pastiche musical que prepararon. Entre otras cosas disfruté porque salió a escena gente como Ray Davies, cantante de The Kinks, o los supervivientes de The Who  para demostrar al mundo que “el mal del músico británico”, ése en el que pasados los sesenta años les convierte en sus propias abuelas, sigue haciendo estragos.

Hubo grandes momentos (como la royal band tocando a Blur, la aparición de las top models británicas o el saxofonista de Madnees por los cielos) e inevitables homenajes.  En mi opinión, aunque no soy nada fan de Freddie Mercury, el toque nostálgico funcionó bastante bien hasta que apareció en escena  Joaquín Luqui en batamanta, o lo que es o mismo: Brian May. Mientras las redes sociales ardían con que si Jessie J había destrozado el himno del besuguismo rockero por excelencia (We will rock you) o no en mallas color carne,  yo aproveché para ir al baño con el consuelo de que en la clausura de Río de Janeiro podré ver a Xuxa.

En general, me preocupó el exceso de azúcar beatleliana, demasiado y obivo Lennon y poco  Keith Richards. La verdad es que el espectáculo sobrepasó varias veces la frontera del ñoñerio. Tanto, que cuando pensaba  George Michael serían el encargado de cumplir con la cuota gay (de Take That y Spice Girls ni hablamos) , aparecieron los alcades de Londres y Río de Janeiro,  dos señores hechos y derechos,  para menear la bandera multicolor ante 80.000 personas y arrebatar en un gran sprint final el título de momento más gayer de los JJ.OO.  (cortesía de @niasanjuan).

En fin, que me lo pasé pipa. En parte por escuchar como los comentaristas de TVE, que no callaban, confundían a Kate Moss con Annie Lennox, colocaban a los Bee Gees como oriundos de Australia o fusilaban la wikipedia.  Por mi parte hubiera cerrado el espectáculo con Eric Idle y su “Always look on the bright side of life”. Puestos a celebrar, celebremos que este siglo es una broma infinita y esperemos juntos al fin del mundo. O lo que es lo mismo, al primer Madrid – Barça de esta temporada.

13. agosto 2012 by Carlos Torres
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