El suicidio de la costa

Sylvia Plath es (era) una poeta norteamericana. Como casi todas las poetas, Plath era un tanto coja en sus relaciones personales. Aunque ella, también como casi todos, un día creyó que había resuelto todos sus problemas al enamorarse del imbécil (y gran poeta) de Ted Hughes. No se sabe cómo se dejó engañar pero un tiempo más tarde se casaron, dios mediante, en el año 1956. Bohemios, escritores y desahogados en deudas como eran, optaron por una de esas lunas de miel que empiezan en junio y acaban en octubre.
Ella ya era entonces una mujer de éxito, una poeta y escritora que disfrutaba de aquel paraíso mediterráneo al que había viajado con Hughes tras casarse. Era tan feliz al borde del mar que describió su retiro como un lugar “donde los almendros son negros y se retuercen sobre el paisaje inundado de blancura, con la claridad de la luz blanqueada de la discordia, no luz de día, sino un daguerrotipo beis, desteñido”. Sea como fuere aquellos tres meses le dieron para escribir la mayor parte de un libro, la remendadora de redes, y para empezar a darse cuenta de que el bueno de Hughes en realidad no era tan bueno.
Aun así, tuvieron dos hijos, Nicholas y Frieda, se fueron a vivir a Inglaterra y tuvieron cierta estabilidad. Estabilidad que se rompió por las múltiples infidelidades de Hughes, la más sonada la de Assia Wevill (esposa a su vez de otro poeta). Así las cosas, Sylvia no pudo más. En el año 63, ahogada por el frío londinense, la educación en solitario de su prole y el mal funcionamiento de su roto corazón, Plath dio el desayuno a sus hijos y después se suicidó. No fue la única, años más tarde, Assia Wevill incapaz de soportar su tormento con Hughes abrió la llave del gas y se dejo matar, llevándose con ella a la hija de ambos. La marca negra de la historia se magnificó cuando en marzo de 2009 el hijo de Plath, Nicholas se echaba la soga al cuello.
No nos salen las cuentas, pensará el lector. Assia, Sylvia y Nicholas sólo son tres suicidios, y puede que el respetable quede cual piedra sobre terreno recalificado cuando descubra que el pueblo idílico y pesquero que vivió la época más feliz de Sylvia Plath no fue otro que Benidorm. Descanse en paz.

20. febrero 2013 by Carlos Torres
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Comments (4)

  1. Desde entonces, más de un pueblo se ha suicidado colgándose de una grúa o arrojándose al mar con un bloque de ladrillos atado a los pies…

    http://masclaroagua.blogspot.com

  2. A pesar de todo Benidorm es hoy por hoy uno de los destinos turísticos que mejor funciona de la costa mediterránea. Su secreto no está en los almendros negros ni en las viejas remendadoras de redes, sinó en una gran y variada oferta hostelera, una gran oferta de ocio y restauración que hace las delícias de los carpetovetónicos. No olvidemos también que los llamados guiris buscan un rayo de sol en un lugar donde no les hagan taparse con un velo, les entre el canguelo de que los vayan a secuestrar o símplemente los atiendan en su propio idioma.
    Benidorm funciona, a pesar de los muchos peros. Quizás lo que no funciona es un Benidorm en cada playa y cada pueblo costero, pues el exceso de oferta de turismo-corral hunde precios y hunde beneficios. Otro día hablaremos del agua…Hoy me he quedado en la orilla.

  3. Me ha gustado mucho el articulo. Conocía a Sylvia Plath y no me habría imaginado nunca que había estado en Benidorm.
    Sobre el comentario… me da igual Benidorm, que Torremolinos, que Salou. Opino que es un suicidio. De las playas que conozco, las mejores son las de la Costa Brava, el Cabo de Gata y Cadiz: Bolonia, los Caños…, sin contar las de Fuerteventura. Playas donde poder tumbarte al sol y relajarte, bañarte en agua limpia en la que ves el fondo y que no te pasen niños corriendo y gritando por encima de la toalla. Quiza sera porque soy una antisocial o pq soy miope y cuando me doy un baño, si hay mucha gente, nunca se donde estaba, pero a mi tambien me gusta disfrutar de la tranquilidad al lado del mar y no tener q pasear viendo desayunos ingleses con baked beans por la mañana y/o que te ataquen los relaciones publicas con chupitos por las noches.

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