Barcelona en plano secuencia. Europa se sale de órbita

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Europa es, por tamaño, la cuarta luna de Júpiter. Un astro con composición propia condenado a girar en torno a una gran masa de gas. En eso se parece a Gràcia, mucho más que un barrio.  Fue una villa independiente hasta las puertas del siglo XX cuando la expansión de la capital y la industrialización de Barcelona acabó por engullirla para siempre. Como Gràcia, Europa tiene una cantidad inusual de oxígeno en comparación con los cuerpos que la rodean. Tanto, que muchas veces se ha especulado con la posibilidad de que bajo sus mares exista algún tipo de vida compleja. La vida de Gràcia lo es.  Una mezcla de intelectuales rurales, jóvenes independentistas, italianos y otros extranjeros excéntricos, gitanos de barrio y barceloneses de postal que están orgullosos de pertenecer a una avifauna propia dentro del zoológico catalán.

Yo vivo allí y, como todos, a veces siento la gravedad que ejerce sobre los graciencs el satélite. Cualquiera que haya vivido en la Vila sabe que casi todo en Barcelona se puede (y se debe) hacer sin salir del barrio. Gràcia tiene decenas de plazas en las que tomarse algo, casas okupas, cines de versión original, bodegas Casa Manolo, bares especializados en gintonics, tiendas de patchwork y mercados populares. A este paraíso para hipsters no le falta de nada, porque Gràcia, por tener, tiene hasta equipo de fútbol: el Europa, un club con mucha tradición que llegó a militar tres años en primera división. Ahora, el Europa es un viejo centenario que ha perdido facultades y pelea en la tercera catalana por aferrarse a los puestos que dan derecho a jugar los playoffs de ascenso a la segunda B.

No tiene grandes estrellas y tampoco un presupuesto mareante pero cuenta con el orgullo que sienten los habitantes de Gràcia por su barrio. Algunos aseguran que, cuando el equipo jugaba a pies de las obras de la Sagrada Familia, Antoni Gaudí se aficionó a ver los entrenamientos y partidos del equipo. Hoy en día, el Europa no cuenta con aficionados tan ilustres. Con un moderno campo en pleno barrio, un presidente holandés y una afición más o menos regular, el equipo está a mitad de camino entre la historia y el cambio. En eso, también se parece bastante a Gràcia.

Este domingo hay derbi, el equipo de la Villa juega en casa al mediodía. El Europa se medirá al Júpiter, un equipo de un barrio vecino que lucha por alejarse de los puestos de descenso. Puede que enfrascados en la enésima victoria del Barça casi toda Barcelona viva ajena a un partido entre dos equipos con más de cien años de historia. Sin embargo, mientras medio barrio se levanta resacoso, Gràcia tendrá una nueva oportunidad para poder salirse de la órbita.

15. febrero 2013 by Carlos Torres
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One Comment

  1. Verdaderamente, hay otros mundos, pero están en este… Me recuerda a la magnífica serie “Pelotas” firmada por los maestros Juan Cruz y José Corbacho.

    http://masclaroagua.blogspot.com

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