Barcelona en plano secuencia*. La dictadura del Eixample


la foto (8)

A veces a esta ciudad le sobran las postales. Algunos días cuando camino por el Paseo de Gracia tardo poco en alejarme del centro para dejar de ser ese tipo que estorba en las fotos de los turistas, me pregunto hasta cuántos países habrán viajado retratos familiares o de recién casados con las huellas furtivas de mi figura. Lo dicho, Barcino es tan monumental que de tanto en tanto da mucho respeto pisarla. En mi huida, la cuadrícula del ensanche que convierte a la ciudad en una sucesión interminable de esquinas me sirve de cobijo. La sensación dura poco, el barrio es tan bonito como monótono. De punta a punta, el Carrer de Mallorca no parece muy distinto. Reconozco que, sobre todo en mis primeros días,  me habría perdido más de una vez de no ser por el faro omnipresente del Tibidabo.

La ropa de sus vecinos tampoco le sirve demasiado a uno para identificar el barrio en el que se encuentra. A diferencia de otras ciudades como Madrid, la lucha de clases aquí no es estética. Bajo una camisa a cuadros lo mismo se esconde un trabajador del Banco Sabadell que un estibador del puerto. La sensación constante de déjà vu se acrecenta con el tráfico continuo y la cadencia rigurosa de los semáforos. Al rato, tanta uniformidad comienza a asfixiar. Una vez alguien me dijo que la libertad reside en la asimetría.  En Barcelona desde luego. Para romper con el sistema vuelvo hacia el barrio en busca de calles más pequeñas con alguna que otra curva inesperada o algún viejo pasaje que resista a la dictadura de la escuadra y el cartabón. Es curioso lo fácil que es a veces entregarse a pequeñas revoluciones. Sin embargo, todas tienen su precio. De vuelta a casa, en Diagonal con Balmes un señor se lleva las manos a la cabeza.  La gente sale de las tiendas para verlo. Hace unos minutos, su moto se ha empotrado contra un rumano que empujaba un carro lleno de chatarra. Poco después aparece una furgoneta de atestados para constatar las leyes físicas de la miseria: que sean invisibles no los convierte en transparentes.

 

*”Barcelona en plano secuencia” es una colección de paseos y miradas. El periodista, cegado por los grandes titulares, a menudo olvida el mundo que le rodea. Hace más de año y medio que vivo aquí y cada día me encuentro con las pequeñas aventuras que mantienen en pie estas calles. Los fines de semana trataré de huir sin demasiadas pretensiones de la rigidez de las portadas para contar sólo historias de mi ciudad, de mi barrio.

09. febrero 2013 by Carlos Torres
Categories: Barcelona en plano secuencia | Tags: | 5 comments

Comments (5)

  1. MANIFIESTO DE LA PLATAFORMA EN DEFENSA DE LAS LIBERTADES DEMOCRÁTICAS: http://iniciativadeclase.blogspot.com.es/2013/02/manifiesto-de-la-plataforma-en-defensa.html

  2. Gracias por tan bellas y duras líneas, como por ejemplo:

    “…Poco después aparece una furgoneta de atestados para constatar las leyes físicas de la miseria: que sean invisibles no los convierte en transparentes”
    Continúa, por favor, compartiendo tus paseos y miradas por Barcelona, en plano secuencia…
    Desde Madrid aletargado y lloroso

  3. Casi nueve años aquí y no hay día en el que esta ciudad no me sorprenda. Si los fines de semana saldrás a la ciudad para contárnosla, nosotros entraremos aquí para leerla. Desde la dictadura del eixample hasta la anarquía del raval te acompañaremos en tu paseo.

  4. Esto no es solo una crónica, Carlos. Es un clásico instantáneo de Barcino.
    Volveré más a menudo.

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