Rajoy, menuda carrera

Gafas Rajoy, lo verá todo mejor. AFP

Rajoy cumple hoy un año como presidente del gobierno. Lo oigo en la radio del taxi en el que me he montado para poder llegar a tiempo al médico. Es una mañana fría en el centro y, de camino a un ambulatorio del extrarradio, una niebla espesa convierte Madrid en una interminable sucesión de pueblos y aldeas. “Perdón, por dónde quieres que vaya, llevo poco tiempo en el taxi“, me pregunta el hombre. En los últimos años esta cantinela se ha convertido en habitual en el gremio. Casi no me ha dado tiempo a contestarle cuando se arranca: “Yo antes era publicitario ¿sabe? Trabajaba en la empresa de publicidad más antigua de España, se fundó en 1931“. Habla como las abuelas que se saben de carrerilla todos los ríos de la vertiente derecha del Miño y en tres segundos me disecciona su labor al frente de cuentas tan importantes como Cartier o Grupo Cortefiel. Todavía no hemos girado por Alcalá cuando nos cruzamos con la sede de su antiguo despacho. Refunfuña, “entré a trabajar de botones hace 30 años con un sueldo de 22.710 pesetas, cuando cerró la empresa yo era directivo y ganaba 3.200 euros más el teléfono, los viajes y la comida“.

Cuando, por obligación, uno monta un taxi a primeras horas de la mañana, no suele apetecerle que le hablen demasiado. Sin embargo, el taxista, que podría haberse llamado Pepe, como mi padre, es un experto narrador de su desgracia y logra captar toda mi atención. “Me encantaba mi trabajo, todavía sigo mirando los periódicos para ver cuándo y cómo se lanzan las campañas. La de Navidad de Sidra El Gaitero debe estar al caer. Yo la programaba para el día 22 de noviembre porque era mi cumpleaños“. Así es, el taxista que pasado mañana (dos días después de demasiadas fechas conmemorativas para la derecha) cumple 47 años, era un experto publicista que peleaba a diario con los departamentos de marketing de todos los medios de comunicación. Después de tres décadas en un sector que conoce de los pies a la cabeza nadie quiere contratarle por su edad. Es un producto obsoleto en la era del twitter.

Pasamos por O’donell, “aquí estaba Grupo Zeta, todavía no lo han cerrado pero se la han llevado del centro después de un ERE”, me cuenta mientras se prepara para abordar lo más duro. “He estado un año en paro. Por suerte, cuando ganaba bien, no me volví loco y no debía ni un céntimo a nadie. Sin embargo, mentalmente ha sido un desastre“. Después de todo, a mi amigo el taxista lo que más le duele no es el cierre de su empresa, él es un hombre acostumbrado a la adversidad que dejó embarazada a su novia con 17 (ahora su mujer) y, según cuenta, no ha dejado de luchar hasta llegar al taxi. Qué va, lo que más le “jode” es que los dueños de la empresa en la que había hecho carrera no esperaron a que los empleados se despidieran para empezar a desmantelar su presente. “Diez minutos antes de que nos fuéramos llegaron con bolsas de basura y empezaron a meter los ordenadores y los servidores. Se lo llevaron todo, como si fuéramos de ETA“. Ahora sí que está visiblemente emocionado. Se calla de golpe y parece que guardamos un minuto de silencio por los miles de trabajadores que deben haber vivido algo parecido el último año.

Finalmente se vuelve a reponer: “se ríen de nosotros. El rescate es para políticos y banqueros. Tenemos el doble de aeropuertos que Alemania sólo para que el doble de hijos de Satán puedan meter la mano en la bolsa“. Cuando me apeo se baja conmigo para ayudarme con la maleta: “suerte con la consulta, chaval“. En la puerta del ambulatorio dos enfermeros fuman bajo un cartel contra los recortes en sanidad. “Ahora quieren que nos sentemos a hablar con ellos, pero nos han dado por culo por encima de nuestras posibilidades“, le dice el uno al otro. Dentro me aguarda una sala de espera atestada. Cuando por fin cruzo el umbral de la puerta un médico indiferente me pregunta: “Y a usted ¿Qué le duele?“. La calle, señor, la calle.

20. noviembre 2012 by Carlos Torres
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One Comment

  1. Un ejemplo más de los que te puedes encontrar día a día en cada paso que das, muy grande Carlos!

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