Cita a ciegas con Cifuentes

Bukkake policial. Sergio Pérez, Reuters. 2012

“Querida Cristina: esta tarde nos vemos en la Carrera de San Jerónimo, iré de rojo y llevaré un cartel en la mano”.  Más o menos algo así podría escribir hoy un indignado cualquiera que viva en Madrid.  Esta tarde, el colectivo 25S vuelve a citarse frente al Congreso de los Diputados para protestar por los recortes. Sin embargo, ésta vez, será una cita especial: nadie ha avisado a la delegada del Gobierno en Madrid de las movilizaciones. Ante la manifestación de hoy, los organizadores aseguran que Cifuentes ya tendrá constancia por los medios de las próximas protestas del colectivo y por eso se han negado a informar a la delegada. A veces me pregunto si no seremos demasiado malpensados, cómo va a enterarse  la señora Cifuentes las intenciones de los indignados si ni siquiera es capaz de saber dónde está su marido.

Cantaré una serenata bajo tu balcón hasta que me escuches”, podría seguir la nota anónima.  Si de algo estoy seguro es de que el repertorio de hits de la indignación no defraudará.  Temas como la ampliación del virginal aeropuerto de Castellón o la paga extra por la que los funcionarios cotizarán sin cobrar podrían abrirse paso con fuerza en los cánticos.  Sea como fuere, bajo una misma voz, el 25S coreará eslóganes en contra de los presupuestos generales para el año que viene, o como ellos los han bautizado: Los presupuestos de la deuda. Unos presupuestos en los que, con la excusa de que no nos salen las cuentas, el gobierno ha decidido cercenar la partida en todos los pilares de la sociedad: la educación pública, la sanidad o la investigación al desarrollo.  Pero tranquilos, amigos indignados, que el Ejecutivo de Rajoy hace todo lo posible para salir de la crisis. Sin ir más lejos, ayer mismo el ministro de Interior le pidió al Papa que rezara por España. Lector ¿no te quedas ahora mucho más tranquilo?

Puede que, como en el amor,  después de dejarse la voz bajo el balcón de la democracia, ningún político salga a dar la cara. Ya sabéis que los padres de la Constitución no son muy de dejarla bajar a la calle.   Son cosas del matrimonio, es decir, del bipartidismo. Quizás unos progenitores sean tajantes en su rechazo, como Rajoy,  cuya negativa será directa y clara para contentar así a los suyos.  Otros, en cambio, probablemente mareen la perdiz. Como Rubalcaba, que jugará a dejarse querer porque el pobre ya ni siquiera sabe quienes son los suyos. Sea como fuere,  no debemos cejar en el empeño al primer envite. Estas cosas a menudo requieren su tiempo. Tal vez por eso,  el colectivo 25S ha convocado nuevas protestas para el jueves y para el sábado. Mientras tanto, podemos  seguir escribiendo cartas de amor a la delegada. Estoy seguro de que a última hora de la tarde ablandaremos su corazón y  Cristina se dignará a contestar:   “Querido ciudadano: acepto tu invitación.  Espero que te guste merendar porras”. 

 

23. octubre 2012 by Carlos Torres
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Comments (8)

  1. Yo, sí pago el IBI, no como otros. Quizas por ello me tilden de antisistema.

  2. Cifuentes es a la democracia lo que Atila a la hierba.

    http://masclaroagua.blogspot.com

  3. Excelente artículo, repleto de juegos de palabras, que me ha “obligado” a leer tus últimas entradas, a cada cual mejor. Supongo que eres alguien francamente ocupado, pero por si te queda algún resquicio antes de la serenata, te dejo esta referencia, en la cual se plantea la figura de Nacho Wert como posible reencarnación del sueño (o la pesadilla) de anarquía, destrucción, anticristo y orina que preconizaran los Sex Pistols a mediados de los setenta: http://xn--20aosnoesnada-kkb.blogspot.com.es/2012/10/never-mind-bollocks-heres-ji-wert_23.html. Un cordial saludo.

  4. Baste una referencia al pie de foto. Eso es la policia antidisturbios. Nada mas.

    Felicidades por el articulo.

    (por cierto, para no haberse enterado bien que responde=amenaza la Cifuentes…)

  5. Crisitina Cifuentes. Pobre mujer, la que tiene que estar pasando con su maridito perdido y ella que ya no sabe donde meter su rubia cabecita.

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