Europa: caída libre

Al fondo, la recesión. 2012, estratosfera.

Ayer, el austriaco Félix Baumgartner comprobó que tenía bien ajustado su traje, se encaramó a la barandilla de su cápsula espacial, tomó aire y saltó. Llegar a la estratosfera le había costado más de dos horas y media de ascensión, sin embargo, utilizó tan solo nueve minutos en consumir los casi cuarenta kilómetros de distancia que le separaban del suelo. Hoy lo publicaban todos los periódicos, el austriaco es un héroe: el primer hombre en romper la barrera del sonido sin ningún tipo de propulsión. No es de extrañar que declarara que estuvo a punto de perder el sentido durante su salto, en su camino de vuelta  a la Tierra alcanzó una velocidad de más de 1300 kilómetros por hora. Sin embargo, la del austriaco no ha sido la única hazaña de este fin de semana. “Por su contribución durante seis décadas al avance de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”, la Unión Europea recibía el Premio Nobel de la Paz. 27 banderas y 27 estados, más un buen puñado de lenguas. Supongo que, a pesar que en el cielo no existen las fronteras, Baumgartner tuvo que ver desde el aire la mancha de cuatro millones de kilómetros cuadrados que supone la Unión Europea.

Tal vez, en su gran salto, el austriaco comprobó desde la distancia cómo Portugal se prepara para los ajustes más duros de su historia, cómo Grecia ardía ante la visita de Merkel o cómo en España los servicios sociales ya atienden a más de ocho millones de personas mientras los fondos para ayudas de emergencia han caído casi un 65%. Quién sabe si a esas velocidades se puede pensar con precisión, pero quizá Baumgartner pudo divagar en frío sobre el ascenso de la tensión nacionalista en el seno de la Unión y el avance de la miseria en nuestras capitales. O quizá se decantó por obserar cómo el servilismo político a los poderes financieros ha aumentado la brecha social, según el diario The Economist, convirtiendo a los ricos más ricos y a los cada vez más pobres en mucho más pobres. Con estas cifras,  Baumgartner ¿a cuánto crees más o menos que tocamos de paz cada europeo?

Sea como fuere, ayer vimos por la tele la gesta del austriaco. Estoy convencido de que para reconocer con mayor entusiasmo la hazaña muchos hubiera preferido que el saltador hubiera sido de Manacor o de Sant Boi. No obstante,  en España sabemos mucho de grandes saltos.  Tardamos treinta años en ascender hasta cuotas fascinantes, desde la altura dominábamos con nuestra vista el mundo, tres décadas se tardó en ascender a los niveles de desarrollo humano y financiero que nos permitían creer que estábamos junto a la UE a la cabeza del planeta. Poco después, nuestra economía se encaramó a la barandilla, se abrochó los cinturones y saltó por los aires. Nuestros treinta años de subida en la lucha por derechos sociales y laborales se redujo a una caída libre de poco más de 9 minutos. Lo peor es que todavía no hemos tocado el suelo, en nuestro camino a la superficie del problema, Rajoy y sus ministros están a punto de perder el sentido y dejan ver que después de las elecciones vascas, gallegas y catalanas, vendrán recortes todavía más duros.  Ya lo dijo ayer Baumgartner sabedor de su gloria: “a veces, tenemos que llegar muy alto para ver lo pequeños que somos”.

15. octubre 2012 by Carlos Torres
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