A quién votar con cuatro millones de rayas encima

los planetas

A la hora de la cena Jota sale por la puerta de la izquierda y cruza el escenario. En la pantalla del móvil de una mujer de la quinta fila del anfiteatro brilla el whatsapp que la abuela envía con una foto del niño ya bañado y acostado. El Auditori está lleno hasta las cejas: hay más calvas que melenas, más chaquetas que parcas, más barbas que patillas, más divorciados que solteros y más cuñados que colegas. Nadie sabe si es mejor quedarse sentado o ponerse de pie. El concierto está a punto de empezar pero acabará antes de que cierre el metro. Primer rugido, ovación cerrada. Antes del cuarto tema una chica grita desde el gallinero: “¡Vamos señor! ¡Vamos maestro!”, como si en lugar del buque insignia del indie español el frontman de Los Planetas fuera algo parecido a Joaquín Sabina con sombrero. Todos corean, la energía del grupo les reconforta tanto como reconfortaba a aquellos aficionados de Talese que iban a ver a Di Maggio batear en los partidos de veteranos para volver a sentirse jóvenes cuando el viejo héroe acertaba las bolas. Hoy muchos han venido para que nadie les recuerde en qué frontera están: “Si ellos todavía pueden, yo también” y así, poco a poco, van cayendo del árbol los temas por los que han vencido la pereza para salir de casa un jueves de octubre por la noche.

Es a partir de “Un buen día” cuando ya nadie mantiene a salvo su dignidad. Por más que el niñato anunciara su retirada del fútbol la semana pasada y Mendieta lleve años cortando el césped de Middelsbrough, la chica de mi derecha, que hace un rato se ha escandalizado cuando Jota se encendía un cigarrillo en un recinto cerrado, se deja ahora la voz con los cuatro millones de rayas de Eric. Con ella, toda la generación que brinca en la platea se sacude el contrato indefinido que no llega a pesar de que se lo prometieron hace meses, las visitas a los colegios en los que quieren matricular a su hija, la cuota del gimnasio y el resto de cosas que no imaginaban que iban a tener que hacer cuando todavía no podían pagar los treinta euros que vale hoy la entrada. Echo un vistazo a los mejores tuits sobre el concierto y escarbo en el timeline de sus autores. Muchos de los que propagan su euforia por las redes con ‘Toxicosmos’ escribieron hace muy poco comentarios sobre la vuelta de Star Wars y el aniversario de Regreso al futuro. Me pregunto cuánto tiempo queda para que los hijos les compren dos asientos en el patio de butacas en un concierto de Jota cuando no sepan qué regalarles por Navidad. Pienso en que yo yo tenía catorce cuando mi padre tenía cuarenta y cinco años, quizás los Planetas son los nuevos Serrat.

No me extraña que aquí se sientan importantes. Es a esa generación a la que todos buscan estos días cuando hablan: las marcas para venderles productos, los cines para venderles entradas y los partidos para comprarles el voto. Ya es mala suerte que la campaña caiga en pleno otoño, patria de la nostalgia, y a los fans de Los Planetas se les vaya a hacer largo el cortejo. Me encantaría saber quién hará sentir joven a esta gente la noche electoral. Sólo quedan dos meses para las elecciones y mientras Pablo Iglesias confiesa que le gusta Carlos Cano a Albert Rivera ya le llaman Naranjito. 20 D, pesadilla en el parque de atracciones.

30. octubre 2015 by Carlos Torres
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