Generación modulada

Ojo, la señora cifuentes, Te-lee. 2012.

Tengo 27 años, nací una década después de que muriera Franco, en un país a punto de entrar en la Unión Europea y con el mundial de España ya celebrado. Aunque casi no las recuerdo, fui niño en las Olimpiadas del 92 y aprendí a leer bajo el mandato de la LOGSE. Me libré de la mili sin tener que hacerme objetor y cambié de milenio con una tasa de paro del 9,18%.  Fui un adolescente cuando el No a la guerra o el Nunca Mais y me fui a Madrid para empezar mi carrera como periodista el curso de los atentados del 11M.

Aunque nunca nadie me preguntó por la Constitución de mi país, cuando tenía veinte años pude  votar en el fiasco del referéndum sobre la carta magna europea. Tuve amigos que se fueron de Erasmus y conocidos que aprobaron oposiciones.  Puede que entonces la selección no ganara mundiales pero prometo que en todo ese tiempo la marca España se vendía bien y existían incluso inmigrantes que querían visitarnos para trabajar. Yo los conocí.

Un día, una burbuja que no habíamos inflado con nuestros pulmones estalló en nuestros bolsillos. Hoy, los datos del INE sobre el paro me dicen que algo así como una de cada dos personas de mi generación no trabaja.  Tengo amigos que han emigrado a otros países en busca de un sueldo y otros que no han cotizado en toda su vida  ni un solo día a la Seguridad Social. Mis sobrinos nunca se emborracharán en una Erasmus y pagarán por sus medicamentos mucho más que sus abuelos.

Aunque tengo carrera universitaria y posgrado soporté que se rieran de nosotros llamándonos Ninis porque ya hace tiempo que descubrí que la democracia que practicamos en estas fronteras es muy dada a pedir el voto pero nada partidaria de pedir la opinión. Un 15M quise que me escucharan y me planté en una plaza con mis amigos parados, investigadores ochocientoseuristas, becarios  sin salario y otras bestias de la fauna postburbuja.  La prensa seria ocupada en sus cosas de mayores nos llamó antisistemas. Hoy, una delegada del Gobierno quiere modular mi derecho a manifestarme para hacer de las ciudades españolas un lugar más habitable. Es entonces cuando pienso que los talibanes de la Transición nos trataron como a un mueble sueco y al reconstruir nuestros pilares olvidaron incluir dos piezas. La segunda fue la memoria.

04. octubre 2012 by Carlos Torres
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