Breve historia de la especulación

Benidorm, Alicante. La millor terreta del mon. 2012.

Don Pelayo fue el primero. Amparado por el decreto ley de la virgen de Covadonga echó a los musulmanes de los picos de Europa y se apropió de los terrenos. Antes de eso, fenicios, griegos, romanos, suevos, vándalos, aranos, punkies, emos y otros grupos históricos habían puesto sus ojos en la península. Al principio no era dañino, que si vamos a vivir en una cueva mi amor, que si vamos a levantar un dolmen,… una suerte de arquitectura sostenible prehistórica en la que ya existía Bofill padre. Después la cosa empezó a tomar forma, que si vámonos para Hispania que dan ventajas para retirarnos en una villa (los romanos: inventores del Imserso), que si por qué no echamos a los romanos y fundamos nuestras propias urbanizaciones (ah los bárbaros! los Poceros de la época).

Sin embargo, como digo, Pelayo fue el primero. En aquella suerte de bipartidismo entre moros y cristianos (no hay que olvidar que los judíos eran una minoría con la que no se contaba y que incluso llegó a expulsarse del Congreso) estaban siempre a la gresca por los terrenos. Aun así, tampoco era para tanto, que si vamos a hacer una mezquita con muchos arcos, que si pon una iglesia románica por ahí que revaloriza la zona…  Hay que reconocer que la Reconquista fue una importante época de gestas: se cuenta que el Cid consiguió unos permisos de reforma yendo al ayuntamiento después de muerto y que la madre de Boabdil le sentenció con el famoso llora como mujer lo que no supiste vender como adosados.
El caso es que los Reyes Católicos, algo así como ACS pero sin Florentino, unificaron reinos y con el mercado nacional copado por sus excavadoras se encaminaron a abrir negocio en América. Que entonces no se llamaba América pero que estaba igual de explotada que ahora. Así pasaron los días, hasta que a finales del XVI, Felipe II pegó uno de los mayores pelotazos urbanísticos de España. Trasladó la corte a Madrid, un terruño en medio de la nada, y empezó a vender casas como un descosido. En el XIX ya existían los caseros y los problemas de las comunidades de vecinos, Napoleón dijo que venía de paso para irse a Portugal y se nos quedó unos cuantos años en casa.

Ante tal panorama, en pleno siglo XXI (el XX me lo salto porque lo de Benidorm no hay quién se lo explique), estalla la burbuja inmobiliaria y aparecen más casos de corrupción que en todas las partidas mundiales del Monopoly. El viernes,  conscientes de que viajeremos al futuro desde aropuertos sin aviones, rotondas con estatuas futuristas y ciudades de vacaciones, nuestros políticos aprueban una nueva ley de costas que protegerá a los ladrillos por encima de nuestras playas. Con la excusa de salvar nuestros venerados chiringuitos, diez mil viviendas ilegales seguirán en pie al menos otros 75 años más. Nadie, salvo los ecologistas, se lleva las manos a la cabeza, y no me extraña, un pueblo que desconoce su historia está condenado a recalificarla.

09. octubre 2012 by Carlos Torres
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One Comment

  1. El que no llora no mama y en el país “The corruptors” el que no roba es un gil…y tal y tal

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