Felipe empuja el carro

IMG_3034Algunas señoras de mi pueblo nunca salen de casa sin su carro de la compra. No importa demasiado si el mercado está abierto o cerrado, ellas se arreglan el pelo, se aferran al Rollser, se santiguan y se echan a la calle. No es difícil avistarlas por las mañanas cerca del sagrario, con el carro en doble fila, rezando por las oposiciones del nieto o el alma del marido. Por las tardes se agrupan en manadas para tomar café en la plaza y por el camino van arando las siestas con el ruido de sus ruedas. Mi abuela, que tiene los ojos afilados, me ha explicado que el carro es una trampa de las señoras más coquetas. Que muchas mujeres, cuando les falla la rodilla y el médico les dice que necesitan un bastón o un andador para descargar el peso cuando caminan, prefieren apoyarse en el carro de la compra a tener que soportar el cuchicheo de las vecinas. Así que, aunque parezca que los supermercados de este pueblo gozan de una gran salud, las únicas compras que las señoras llevan en sus carros son unos cuantos kilos de apariencias. El ingenio es maravilloso porque les permite llegar a la siguiente esquina sin necesidad de mostrarse vulnerables.

El uso del carro no es más que una nueva evidencia de que España es un inmenso trampantojo. Sólo así se explica que ayer, al abrir el periódico, uno se encuentre a Felipe González reivindicando su condición de ciudadano raso. Lo dice en una carta que el viejo socialista dirige a los catalanes desde el diario El País. Si a estas alturas todavía alguien no la ha leído conviene tener Almax a mano. No es que diga nada nuevo o sesudamente revolucionario pero, en mitad de puntos de vista más o menos asumibles, Felipe compara la efervescencia de Cataluña con las aventuras alemanas e italianas de los años treinta. A estas alturas del guión, cualquiera sabe que llamar fascistas a los independentistas quizás no sea lo más sensato del mundo, pero parece que el expresidente se ha decidido a relevar a Wert y Albiol como capataz en la factoría que fabrica independentistas.

La táctica no es nueva. Ya hace décadas que Mayor Oreja y sus amigos atizaban a los vascos cuando querían salir en las portadas. Después se acabó ETA y ahora ya no se les ve salir mucho de casa. Nuestros viejos políticos se hacen mayores y se le agrietan las caderas, pero en vez de apoyarse en la sensatez prefieren ponerse coquetos y echarse a las redacciones con sus ocurrencias. Felipe González, el príncipe de las alcantarillas, empujó el carro por sus portadas. Es verdad que él, como las señoras, ya no pueden engañar a nadie, pero quién sabe a cuántos despertará de la siesta con el ruido de sus ruedas.

31. Agosto 2015 by Carlos Torres
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Comments (2)

  1. Un amigo me ha recomendado tu entrada de hoy sobre Felipes y carros y ¡qué grato descubrimiento! Me ha gustado mucho y ello me ha llevado a leer algunos de tus artículos pasados, que me han hecho pasar un muy agradable y entretenido tiempo. Por tanto, aquí tienes un nuevo admirador que promete seguir atento a tu blog, y máxime teniendo en cuenta que somos paisanos (resido en Madrid pero nacido en Alicante y enamorado de mi tierra hasta las cachas). Lo dicho, muy agradecido por tu entrada y te animo a seguir con esa frescura de tu escritura. Saludos.

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