¿Desde cuándo lleva chorizo la paella?

Imputada riendo, España 2012.

Al Rey le gusta ir al grano. Al menos eso afirman en un artículo de Interviú esta semana. Según publicaba el semanario, al jefe de Estado le gusta comer paella cuando vuela a bordo de los aviones del Ejército. Eso sí, no deja de ser curioso que, con lo dado que es últimamente al traspiés, al monarca le guste comérselas con «pocos tropezones». En fin, todo el mundo sabe que los borbones no son mucho de pelar la gamba, que dicho así puede parecer una simple anécdota, pero ojo, Casa Real al margen, el del arroz no es un asunto que se deba tomar a la ligera.

En  estos tiempos tan convulsos para los nacionalismos, todo el que tenga un amigo nacido al sur del Ebro y al norte del río Segura sabrá que uno de los símbolos patrios que veneramos con más orgullo los valencianos, alicantinos y castellonenses es el de nuestro plato estrella. Si quiere conservar su amistad no le discuta usted a un valenciano por su arroz. Quizá porque obnubilados por el sabor de un buen «a banda» o de un buen caldero uno puede olvidar las noticias que nuestros políticos generan y la pésima imagen que exportamos con ellas. Los Fabra y los Camps pasan mejor bien untados, en alioli, por supuesto.  Sin embargo, parece que no son los únicos que disfrutan de la política con aderezos. Esta vez, los últimos en echar leña al fuego han sido Luis Díaz Alperi y Sonia Castedo, ex alcalde y actual alcaldesa de Alicante respectivamente. Los dos miembros del Partido Popular han sido imputados en un caso de corrupción y se han unido con ello a la larga lista políticos que se empeñan en amargarnos la comida dominguera. No son los únicos, ayer también dimitió Rafael Blasco (portavoz de los populares en el parlamento valenciano) tras su imputación en seis delitos,  uno de ellos por fraude en las concesiones de unas subvenciones a ONGS.

Quién sabe, quizá algún día seremos capaces de dejar de poner tanto empeño en defender las virtudes de nuestra gastronomía y dediquemos más energía en denunciar la pérdida de sabor que sufre nuestro pueblo. Mientras tanto, los valencianos, habitantes de una de las diez comunidades con mayor tasa de paro juvenil en Europa,  asistimos impasibles a una interminable procesión de casi 250 imputados por corrupción en nuestra tierra. Me pregunto hasta cuándo seremos cómplices. Tal vez, hasta que no nos quede arroz que echarnos a la boca. Puede que entonces sea demasiado tarde para protestar por el bufé libre en el que algunos han convertido nuestras arcas. Deberíamos darnos prisa, gentes como Cristina Cifuentes se han empeñado en quitarnos el derecho a manifestarnos libremente.  Tal vez, para evitar que veamos pancartas como las que  hace poco podían leerse en el 25-S:  «la paella es como la corrupción, como en Valencia en ningún sitio«.

03. octubre 2012 by Carlos Torres
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Comments (5)

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  2. Y si se volviesen a presentar volverían a salir. Yo personalmente estoy haciendo campaña entre amigos y familiares para mentalizarles de que no pueden votar corruptos. «Los otros también roban» no es ni cierto ni razón suficiente.

    • Hace mucho que no sabemos qué hacen o no, los otros. Aunque creo que los corruptos son de todos los colores y hay que denunciarlos a todos, no es de recibo que encima de ser cornudos estemos apaleados por los mismos de siempre.

  3. Cuando vivía en Brighton había un bar ‘español’ que anunciaba en su puerta a bombo y platillo que en su menú tenían la ‘Típica paella con chorizo’. Esa es la imagen que debemos proyectar en el extranjero…

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