Apología del pipero

image

Las tardes de partido las gradas del Bernabéu se convierten en un sitio al enemigo. Tanto más si la camiseta que viste es la blanca, porque el madridismo es ese comisario soviético del frente que está en la retaguardia con la pistola cargada de silbidos para disparar al primero que se atreva a desertar. Ya le pasó a Hierro, ya le pasó a del Bosque y ya le ha pasado a Casillas. Cuando se trata de dirigir las purgas, el politburó de Valdebebas nunca se echa a temblar.

Hagamos memoria. Casillas es el portero que, gracias por todo Albano Bizzarri, jubiló la mediocridad de la portería blanca y devolvió la decencia a la línea de gol cuando apuntaló entre sus piernas la toma de Glasgow. No hará falta enumerar otras proezas, pero cuentan que hay un farmacéutico en Munich que se ha hecho de oro con todas las pastillas para dormir que le ha vendido a Robben desde el año dos mil diez. Y sin embargo, es cierto que en los últimos años Casillas había perdido su corona de santo porque, una noche como cualquier otra, los milagros dejaron de pastar en el césped del área chica y todos vimos caer al portero como quien ve a su abuelo no atinar a vestirse por primera vez. Hacia tiempo que Iker ya no era el mismo y en las batallas de los córners se acostumbró a pelearse con el aire mientras el balón se acicalaba en una esquina para levantarle a la novia. En Lisboa la turba ya preparaba el cadalso en la puerta del estadio cuando Sergio Ramos salvó la Champions y la cabeza de Casillas. Pero, de todas las manos que el portero no puso en los últimos años, la que nunca le perdonó una parte de la afición -la misma que tenía como referente a un lateral de cartón piedra- fue aquella con la que no se tapó la boca cuando el Napoleón portugués aterrizó con sus delirios de estratega. Mourinho, como todos los generales fanáticos, sentenció al capitán de su tropa por tratar de hacer las paces con el enemigo blaugrana. Para que cundiera el ejemplo, primero lo sentó en el banco y después le dio a morder una manzana envenenada a Adán.

– Eh comisario, mire allí, en la portería, uno se ha dado la vuelta en el frente –

Hoy Casillas se va a Oporto con el fado de la ingratitud en las maletas. A estas alturas todos estamos de acuerdo que el Con Lo Que Ha Sido ya no le alcanzaba para ser titular, pero tal vez lo de Historia que tú hiciste le debería haber dado para conservar el respeto que se le debía hasta el final. Mañana, esa misma masa que silbaba en retaguardia se vestirá de domingo para acusar de piperos -que es la versión garrula de traidor- a los que afean al club su nefasta forma de gestionar la salida de sus ídolos. No duele la acusación porque es la historia de tantas otras despedidas; Özil, di María y quién sabe si Ramos. La grada enfrentada mientras Florentino alicata la sonrisa. Qué talento innato tiene ese hombre que cada vez que le marca un buen gol al madridismo hace que parezca un accidente del portero. Pero no se preocupen, que en septiembre habrá paz y piperos y mourinhistas rugirán juntos con el ilusionante Benítez para ver si esta vez por fin somos capaces de ganar la segunda liga en siete años.

12. julio 2015 by Carlos Torres
Categories: Uncategorized | Leave a comment

Leave a Reply

Required fields are marked *