La importancia de la posesión

europaFoto @niasanjuan Europa-Júpiter, temp 12/13

Los domingos de partido en el Nou Sardenya hay un tipo que corre pegado a la banda; observa el juego con la precisión de un cirujano mientras espera la llegada del momento exacto para poder cambiar el ritmo. Bajo su ropa deportiva no se esconde ningún exceso y, aunque ya no es como esos chavales que se entretienen en el césped en los descansos, todavía guarda en la recámara una pequeña punta de velocidad. Delgado, algo atlético todavía y ya canoso, se le distingue bregar siempre de un lado para el otro pendiente de la posible trayectoria del balón. Si no fuera una banalidad se le podría definir como un filósofo del rebote, un hombre que reparte sus ojos afilados entre las patadas a seguir del rival y los rechaces atolondrados de la defensa.

Cuando el partido se afea, y el juego pasa más tiempo en el aire que en las botas, él se erige en salvador. En cambio, si el juego es bonito, la afición, desde el plácido retiro de la grada, no presta demasiada atención a su trabajo. Con todo y con eso, sus piernas atesoran cientos de partidos contra otros tantos cientos de rivales y arrancar, por qué no reconocerlo, ya le pesa en los gemelos. Hace años que dosifica sus esfuerzos y sólo invierte el aliento en dos o tres carreras contadas en cada parte; su zancada pequeña, heredera de un estilo curtido en mil sprints, cabalga ligera para que al equipo no le roben nunca el balón. Lo busca, lo olfatea y persigue su rastro hasta que interviene el esférico. Puede que, siendo la vida tan injusta como es con los sacrificios, en el campo nunca le vitoreen ni tampoco reciba grandes ovaciones como él se mereciera.  Hay de los que marcan tantos y otros tantos que se conforman con devolver las pelotas al pie.

Es verdad que quizá ya no tiene el repris de antes y puede que últimamente los más jóvenes le superen casi siempre en carrera, pero lo cierto es que, sin él, el equipo jamás tendría la pelota. Por la mañana, un aficionado que escapaba del estadio rumbo a una comida de amigos antes de que el colegiado pitara el final,  lo vio correr Secretari Coloma abajo. De un brinco saltó una valla del parque y escudriñó el horizonte de setos, bancos y carritos de coche: “chaval, ese balón es del Europa” le imagina decir en la distancia. Ya se sabe que en esto del fútbol, mantener la posesión es muy importante.

06. octubre 2013 by Carlos Torres
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