Mil kilómetros, siete años. Lo insólito del accidente del metro de Valencia.

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Santiago de Compostela y Valencia distan casi mil kilómetros y siete años de distancia. Sin embargo, en cierto modo, como vías que discurren paralelas hasta que convergen, se entrelazan en algún punto de nuestras conciencias: dos ciudades y dos sociedades golpeadas por el mismo vacío de la desgracia. Un exceso de velocidad más una concatenación de variables evitables apartó de su camino a 43 personas en el metro de Valencia, encallando desde entonces a más de cuarenta familias en una pelea subterránea por la búsqueda de respuestas. Todavía huérfanos de responsabilidades este verano les alcanzó otro gran accidente, otra maldita curva, otro río de ilusiones drenado a destiempo.

Por entonces, la vergüenza de la gestión de su accidente ya había emergido con todo su pudor nauseabundo a la superficie de los medios de comunicación. No lo intentemos, jamás acertaremos a imaginar qué sintieron aquellos familiares valencianos cuando el tren de Angrois cercenó el futuro de cientos de personas. Mil kilómetros y siete años que se evaporaban en la nada, Santiago-Valencia como el estruendo de un triste rayo. Y así permanecieron enlazados mientras las conexiones en directo, las coberturas especiales y los teletipos de última hora iban jalonando nuestras sobremesas: “El accidente se pudo evitar”, como si un periodista valenciano, por aquel entonces becario, hubiera guardado un titular para publicarlo siete años más tarde.

Pero Valencia y Santiago distan mil kilómetros de distancia, no merece la pena olvidarlo y hoy, si uno abre el mismo diario digital puede leer dos titulares. “Los cinco cargos de ADIF imputados por el accidente ferroviario de Santiago declararán desde mañana” es el primero, “La jueza Nieves Molina rechaza reabrir la investigación del accidente del metro de Valencia” es el segundo. Dos accidentes que unen las tristezas de un puñado de familias y una vergüenza que separa nuestra Comunitat del mundo civilizado como si Saramago hubiera descrito en nuestro mediterráneo aquella balsa de piedra que flota a la deriva.

Qué importa que se hayan denunciado las irregularidades de la comisión de investigación, la existencia de descarrilamientos previos o la omisión de los resultados del equipo de frenado automático puntual; para la jueza del caso ninguno de los documentos aportados es novedoso al tiempo que asegura que el planteamiento que ha expuesto para reabrir el caso el Ministerio Fiscal es insólito.  Y puede que tenga razón, que algunos políticos nos mientan, que intenten escapar de sus responsabilidades o que avergüencen a toda una región como la valenciana no es ninguna novedad, lo verdaderamente insólito es que ahora una gran parte de esa sociedad ha decidido que ya no quiere ser cómplice. Por la dignidad de toda pueblo, por las víctimas de aquí y por las víctimas de allí, hoy más que nunca, el día 3 todos a la Plaza. Que nuestra indignación se una a la de las familias, hagámonos oír  incluso a mil kilómetros de distancia: tenemos 43 muertos, 47 heridos y 0 responsables.

 

18. septiembre 2013 by Carlos Torres
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