Una pensionista contra el banco de la esquina
Hace un tiempo, mi vecina María, a la que todavía no tengo el gusto de conocer, se tomó la molestia de escribir con su caligrafía de posguerra un mensaje al director del banco de la esquina. Sólo nuestros abuelos son capaces de reutilizar el dorso de los tickets de compra para elevar una queja a la sucursal de la Caixa “azul” que gobierna los bolsillos del barrio. En tiempos de subidas de impuestos y bajadas de esperanzas, un puñado de letras escritas con la bilis de una pensionista me sirvieron para recordar que la austeridad no consiste en quitarse de nada, sino en saber aprovecharlo todo.
María tiene 78 años y, a juzgar por lo que anota con pulso firme, es una más de las personas mayores afectadas por las preferentes. Según mi vecina, la empleada del banco (a.k.a. “la cantamañas de la Denis”) no le advirtió del riesgo que conllevaba invertir en el citado producto bancario. Cuántas veces en los últimos meses hemos oído esta historia. Lejos de ser un pueblo que se retroalimenta nos hemos convertido en una sociedad que busca carroña a cualquier precio. No soy capaz de intuir el nivel de desesperación de la señora María al enterarse de que no podría sacar el dinero que había conseguido ahorrar durante toda una vida. Ya se sabe, a río revuelto ganancia de especuladores. Supongo que María, antes de recurrir a su mensaje, optaría por pedir explicaciones a pie de ventanilla y solicitaría soluciones educadas y de buena fe.
Sin embargo, por mucho que pueda estirarse, la paciencia de una generación que ha vivido el hambre no es infinita y María acabó por estallar en su pequeña revolución inadvertida. Quizás el papel se cayó o la señora de la limpieza que adecenta la sucursal antes de que lleguen los clientes eliminó el mensaje de María sin que el Sr. Director llegara a leerlo nunca. Quién sabe, tal vez Denis no imagina que su cabellera corre el peligro de ser arrancada mientras sus vaqueros se arrastran calle arriba. El caso es que siento que le debo esta ventana al gesto de María que, con su pequeño mensaje, me ha demostrado que no importa la edad que uno tenga mientras haya gente que quiere luchar para cambiar su mundo. Y ojo, que ella tiene el ticket.
La banda que nos gobierna
Hace unos días, mientras apuraba la comida y respondía a un correo, una noticia me hizo levantar la vista del teléfono: los federales han descubierto que la cárcel de Baltimore estaba tomada por una banda. Gracias al favor de trece funcionarias, los miembros de The Black Guerrilla Family se habían hecho con el control de la prisión. Parece que la connivencia entre presos y carceleros fue tal que el líder de la banda llegó a tener hasta cuatro hijos con distintas guardias. En una de las escuchas se podía oir como Tavon White, el jefe del cotarro, aseguraba que ésa era su cárcel: “lo digo totalmente en serio, tomo todas las decisiones finales de esta cárcel y nada me pasa”. Es decir, que la corrupción convirtió la condena por intento de asesinato en un retiro espiritual con chándal. Sucede que, cuando los vigilantes están a sueldo del vigilado, los barrotes son una cremallera. Qué cosas, uno no deja de soprenderse con Maryland, el estado que conocí por The Wire es un panal de historias soprendente. Es una lástima para los guionistas de series patrias que estas cosas solo pasen en América.
Antes de que pudiera retomar la escritura del correo electrónico que había dejado a medias la presentadora del telediario dió paso a una pieza sobre el Banco Santander. Yo, que de banca no estoy muy puesto, me dejé llevar por la inercia y mantuve mi atención en la pantalla. Resulta que Alfredo Saénz, consejero del banco cántabro, ha dimitido. Para el que no lo sepa, Saénz es el mismo que hace cuatro años fue inhabilitado y condenado a seis meses de cárcel por un delito de acusación y denuncia falsa cometido en 1994. La fechoría se cometió cuando el aludidio dirigía el Banesto. Años mas tarde, el Supremo redujo la pena a tres meses y, en su último estertor de vida política, Zapatero le indultó. A falta de pocos días para las elecciones, el indulto del banquero era una arma arrojadiza para una oposición que no dudó en utilizarla en aquella campaña. Para ser una noticia bancaria no parece tan aburrida como de costumbre. Más aún cuando uno descubre que, hace dos semanas, el mismo partido que se quejó amargamente en los mítines que le llevaron a la Moncloa, apañó un decreto para que Saénz pudiera seguir siendo banquero a pesar de la inhabilitación.
Al principio parece difícil de entender por qué ha dimitido justo ahora que todos le han perdonado. La respuesta es fácil. Aunque esto no es Baltimore, el aludido no usa chándal y parece que no ha dejado ningún retoño en Ferraz ni en Génova, Sáenz se ha ido con 88 millones de pensión bajo el brazo tras tomar él mismo la decisión. Ya no recuerdo si envié o no el correo porque os aseguro que estuve toda la tarde pensando que si no será que quizás a nuestra cárcel también la gobierna una pandilla.
El accidente de Valencia, a un Metro del silencio
¿Es usted valenciano? Entonces no tengo que explicar qué se siente en cualquier rincón de España cuando nuestra procedencia, medio broma/medio en serio, se confunde como sinónimo de corrupción, ladrillo y farra. Si alguna vez fuimos ricos esa es la imagen que supimos proyectar al mundo: Calatrava, Fórmula Uno y vacaciones en Oropesa. Quizás aturdidos por la burbuja de nuestros bolsillos, nos doctoramos en mirar para otro lado. Con nuestros principios secuestrados por los símbolos del despilfarro edificamos una tierra donde la bandera que ondeaba en los ayuntamientos estaba cosida con los décimos de Fabra.
Tal era nuestro esplendor que el Papa emérito en persona quiso bendecir nuestros milagros, convertir el agua en golf y recalificar los panes y los peces. Rosario al viento ya esperaban desde el yate nuestros dirigentes cuando un metro lleno de ciudadanos como tú y como yo descarriló bajo tierra. 43 personas nos dejaron y 47 quedaron heridas. Tal vez no lo recuerdes, fue hace siete años, nadie dimitió. Se investigó de puntillas, no hubo juicio, no hubo responsables y lo que es peor, no hubo memoria. Muchos, entre los que me encuentro, no estuvimos a la altura. Nuestra mayor vergüenza y su mejor estrategia se hubieran olvidado de no ser por que Valencia es capaz de lo peor, pero también de lo mejor.
Si hay alguien que representa esto último con la mayor dignidad es la Asociación de Víctimas de Metro 3 de julio. Un grupo de hombres y mujeres que ante el silencio sobrepusieron su voz, que ante la soledad arrimaron sus hombros. Cada día 3, en la Plaza de la Virgen, nos tienden la mano para que reparemos nuestras vergüenzas y pidamos perdón a los olvidados. Ayudados de unos pocos periodistas valencianos que tampoco se rindieron, han conseguido que el programa Salvados les dedique su espacio este domingo. Una a una desfilarán por la pantalla las mentiras de la comisión de investigación y de los políticos valencianos en un programa que dolerá, y mucho, a los que no supimos estar ahí.
Nada de esto tendrá sentido si el viernes que viene no abarrotamos la Plaza de la Virgen para darles nuestro calor, nuestro apoyo y nuestra indignación. Porque día tres tras día tres, Beatriz Garrote, Enric Chulio y todas y cada una de las víctimas nos han demostrado que no importa cuanto lo hayan intentado, el silencio no puede triunfar mientras quede al menos una voz en pie. Valencia, despierta.
Si uno solo lo pide
A menudo la música es un último refugio de la identidad. Anoche volví a escuchar un programa de Documentos RNE del año 2009 sobre la resistencia española en la Segunda Guerra Mundial. Mi parte favorita es cuando un miliciano catalán cuenta su pequeña gran historia. En 1940, en su lucha contra el fascismo, al entonces joven revolucionario la resistencia francesa le habían encomendado la labor de custodiar a un hombre trajeado que de tan muerto de miedo como estaba no sabía ni explicar cómo se llamaba. Varias veces habían intentado hablar con él hasta la desesperación pero, ante el silencio, la solución más sensata era trasladarlo hasta otra ciudad en la que pudieran hacerse cargo del hombre y volver cuanto antes a la guerrilla de liberación. En mitad de aquel camino, el miliciano, quién sabe si para alejar las sombras de su valentía o para hacer más llevadero el camino, comenzó a cantar una sardana. “Per tu ploro”, recuerda en el documental. Al enajenado se le iluminaron los ojos y acto seguido se unió a viva voz al coro. La música le había devuelto su identidad en el último instante, recuerda el resistente.
No sería la única sardana que se oyera en la batalla, muchos otros catalanes lucharon en Francia contra el fascismo, algunos con sus balas y otros, como el presidente democrático de Catalunya, Lluis Companys, con sus palabras. Cuando Franco había ganado la guerra y la mayor parte de los políticos e intelectuales se habían exiliado, Companys se quedó en Francia. Pensaba el catalán que la mejor forma de ayudar a su tierra era hacerlo desde cerca. No era el único motivo, a Companys también le movían causas más personales. En Francia estaba internado uno de sus hijos, un esquizofrénico que necesitaba de atención médica y al que, en el estruendo de los bombardeos, Companys había perdido la pista. Su búsqueda desesperada le llevó a ser apresado por la Gestapo que lo entregó al régimen de Franco. Es de sobra conocido lo que pasó después y cómo Companys de convirtió en el único presidente democrático europeo fusilado por el fascismo. Hoy, el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya ha anunciado que no basta con la atención individualizada, si un solo padre pide que a su hijo se le den las clases en castellano, todos los alumnos tendrán que recibirla en esa lengua. Los diputados del partido popular aplauden este paso atrás en la política de inmersión lingüística. Qué sabrán ellos de que, según asegura el miliciano con la voz quebrada, aquel hombre enajenado que recordó quién era al oír una canción en catalán era en realidad el hijo de Lluis companys. Per tu ploro.
Sigfrid, el cazaperroflautas
“Eso sí, como un perroflauta me acose por la calle, me intimide o agreda, la ostia que se lleva ni se la va a creer”, señores con todos ustedes Sigfrid Soria, el Charles Bronson cañí. Estas palabras, más propias de una conversación con dos mistelas de más en un bar de veteranos de la legión, salen de la cuenta de tuiter de un exdiputado del Partido Popular en Canarias. ¡A mí la guardia! Parece que esta vez el demócrata en cuestión quería protestar por el acoso al que se han visto sometidos algunos políticos en la últimas semanas a través de los escraches. Sigfrid compara este método de presión más o menos cuestionable con las grandes vergüenzas de la persecución étnica o racial: ”Los nazis pintaban la Estrella de David en las fachadas de las puertas de los Judíos. Los perroflautas usan pegatinas”, dice el diputado. Al tiempo que añade: ”Son tan cobardes los tuiteros perroflautas como lo eran los del ku klux klan cuando linchaban a seres humanos con sus identidades ocultas”.
Dirty Sigfrid es el teclado más rápido de todo el archipiélago canario. Se sienta frente al ordenador y suelta balas como “Y digo más…, si algún perroflauta agrediera a alguna de mis hijas…, LE ARRANCO LA CABEZA”. Sinceramente, pongámonos serios, ningún niño se merece ninguna agresión. Ni en mitad de una acción de escrache ni al verse desahuciados junto a sus padres por unas leyes injustas. Otra cosa es que bajo el “derecho de legítima defensa” Sigfrid Soria se ponga a matar perroflautas en una imaginaria acción que solo ha pasado en su cabeza. Es burdo, básico y peligroso que nuestros representantes comparen a la PAH con las SS y se queden tan panchos. El Holacausto es otra cosa, tengamos memoria y respeto.
Poco atiende el diputado a que más que apaciguar los ánimos está regando el fuego con gasolina. Pero él es así, dispara antes de preguntar: “Jamás he usado ni usaré la violencia gratuitamente. Pero no dudaré en usarla en Defensa Propia”. En el circo de Génova no ganan para enanos. El último, Sigfrid Soria: más rápido que su propia sombra. Después de los recortes, el ministro Wert o los papeles de Bárcenas, llega una nueva pieza en el engranaje de la máquina de hacer personas de izquierdas, construida con la mejor ingeniería alemana.
Barcelona en plano secuencia. El padrón.
Cambiar de ciudad es como cerrar una etapa y abrir una herida al mismo tiempo. La herida del recuerdo, que se deforma tanto que acaba por parecernos incluso bonita, nos escuece al acordarnos de todos esos a los que uno va dejando atrás y con los que tanto quiso alguna vez. Recuerdo la primera Navidad que volví a casa como un chorro de vinagre, balsámico tal vez, pero vinagre que arañaba la memoria hasta dejarla a flor de piel. Por suerte, ahora uno ya esta acostumbrado a la ruina de los andenes y cuando la nostalgia anuncia una grieta siempre hay algún consuelo con el que poder taparla. Salvo hoy, que me siento uno mas de esos miles de personas que llegaron a la oficina del padrón con un pueblo a sus espaldas y salieron engullidos por la solitaria multitud de las masas.
Llevo más de diez años fuera de casa y, aunque no empadronarme era tan infantil como el niño que se tapa los ojos para esconderse, desde hoy soy una víctima de la burocracia. Me digo a mi mismo que sólo es un papel, una formalidad, un puñado de letras bien ordenadas que me convierten en ciudadano de una urbe empeñada en arrancar semillas de las provincias y, sin embargo, la celulosa ha caído como una losa sobre la raíces de esta maceta de años a la que a veces nos da por llamar vida. Es una pequeña traición a la infancia. Quién me lo iba a decir a mí hace diez años. De habitante de Aspe a ciudadano del Farró, Barcelona. De gañán a urbanita en un sello de goma.
Ya se me pasará, al fin y al cabo da igual que a mitad de camino en los viajes uno ensaye su mejor acento, hace tiempo que en el pueblo me llaman catalán (antes era madrileño) y en Cataluña valenciano. Condenados a jugar a abogados del diablo, donde en la urbe defiendes al pueblo y en el campo a la ciudad. Supongo que algún día desistiré y acabaré por asumirlo, da igual lo que diga el padrón, los que viajamos en los Talgos tenemos patrias de ida y vuelta. Por suerte, al menos por esta vez, las vías son junto al mar.
Partida real. Juegos de tronos (reunidos)
España nunca se ha caracterizado por ser un país de superproducciones. Los presupuestos de nuestras películas apenas dan para cuatro pipas, Carmen Machi y sandwiches de queso. Sin embargo, lo que no se puede negar es que puestos a imaginar somos un Estado imparable. Suplimos con el coco lo que el bolsillo no alcanza. Nuestra última gran ocurrencia ha sido lanzar al mundo y por prime time internacional una versión de Juegos de Tronos versión tablero que ha hecho palidecer al mismísimo G.R.R. Martín.
Todo empezó jugando a Operación, el Rey había perdido su cadera y había que remendarlo a marchas forzadas. En este juego hay que tener buen pulso pero a pesar del buen tino del cirujano la luz roja acabó por saltar cuando nos enteramos de que Juan Carlos andaba de safari sangriento en Botsuana. Y mira que hasta entonces el pequeño Froilán se había empeñado en llamar la atención como un tiro. El hijo de Elena siempre ha sido de jugar en familia a hundir la flota con escopetas y, aunque hay que reconocer que al pequeño bribón se le da de miedo (pie derecho-tocado, Marichalar-hundido), la cosa no pasó de un simulacro de escándalo en el que el Maestre Peñafiel sacó las castañas del fuego. Mientras tanto, a la chita callando, Urdangarín organizaba torneos de twister para sus amiguitos de Nóos en Valencia. Niños, aquí va un briconsejo: hay que tener cuidado con quién se juega, que después te toca un compañero con tan mal perder como Torres y va corriendo a chivarse de que la sangre azul de la mano de la Infanta había tocado circulo rojo. Menudo marrón.
Es verdad que hasta ahora daba igual, porque los jueces estaban muy entretenidos echando un vicio al Jenga, es decir, apartar a los de abajo sin que caigan los de arriba. Sin embargo, parece que a última hora los señores de la Justicia finalmente se han decidido jugar una partida a “Quién es quién” en todo este asunto. “-¿Lleva gafas? -No -¿Está empalmado? -Si. -La respuesta es Iñaki. -Jo, tío ¿cómo lo has sabido?”.
Y aunque a río revuelto ganancia de tertulianos, lo cierto es que la Infanta está imputada y parece que por fin tendrá que jugar al trivial contra el juez. Pobre Cristina, tú que eras tan poco del quesito rosa… Eso si la fiscalía lo permite, claro. Se ve que tan acostumbrados como estaban a divertirse sin miedo a que les interrumpieran, a la Casa Real no le ha sentado muy bien que el juez venga a boicotear su Monopoly. Tomen asiento que esto no ha hecho más que empezar. Pase lo que pase auguro una buena partida de ajedrez en la que al rey le va a costar más que nunca evitar el jaque. Y mientras tanto, se preguntará el lector y ¿Rajoy? ¿Rajoy dónde repámpanos está? Rajoy es parte del Atmosfear, aquel juego de terror en el que para encontrar el malo había que usar la tele.
4.979
Working class hero
¿Por qué? me pregunto desde el sábado. Recuerdo que los Extremoduro cantaban a Extremadura con un explícito: “tierra de conquistadores, no nos quedan más cojones”. Razón no les faltaba, ni les falta. ¿Cuántas veces hemos cantado juntos Extremoduro? a gritos, felices y ebrios de fiesta,… eso fue mucho antes de que decidieras alistarte a esa extraña legión extranjera que se enrola en busca de nóminas. Dudo mucho que en los bares de Cardiff pongan “Puta”, “Standby” o “So Payaso” y, sin embargo, aquí, por si acaso lo sientes, me he encendido “¿Dónde están mis amigos?”. No contestes, la respuesta ya la sé: estás buscando en las lluviosas calles galesas lo que nuestro pueblo, otrora joya de la burbuja, te acabó por quitar.
Yo fui el primero en irse y, aunque me he acostumbrado a fuerza de ver marchar a más de uno en los últimos meses, sé que no serás el último. Supongo que 27 años son pocos para tanta despedida. Antes que tú, algunos se nos fueron primero a Brasil, Londres, México D.F., Lyon, o qué se yo qué otras ciudades que hace no mucho no sabíamos localizar bien en el mapa. Quién nos lo iba a decir a nosotros que vimos como las calles del pueblo se llenaban de marroquíes, ecuatorianos o rumanos que venían tal y como ahora nosotros nos vamos. Lo pienso después de oír la canción un par de veces en el tranvía. Y no me queda más remedio que volver a preguntarme dónde están mis amigos. Nos ha tocado separarnos tanto que a veces siento agujetas en la memoria.
Te vas sin trabajo, pero con años de experiencia y títulos universitarios bajo el brazo. Eliges Cardiff porque te dijeron que no está tan atestada de españoles como Edimburgo o Manchester. Tiempo al tiempo. Que las ciudades del mundo se acaben poblando de amigos es cuestión de meses, años o segundos. Recuerdo que antes, cuando todavía se daban becas, también teníamos colegas desperdigados por el mundo. Italia, Dinamarca, Malta,… Nos íbamos a estudiar inglés tres semanas o de Eramsus un año. Pero esto es distinto, esto es un curso acelerado sobre cómo vivir en un país extranjero con una mano delante y la otra detrás. Así nos lo contaste en tu despedida del sábado. Es curioso, sólo nos tomamos una cerveza y todavía hoy me dura la resaca. Nos pediste que estuviéramos felices por tu aventura, pero antes de desearte suerte perdóname este último ataque de egoísmo cuando leo en el periódico los datos del paro. ¿Por qué? por qué no estarías tú entre esos 4.979 que este mes encontraron trabajo.
11-M. Por un puñado de votos
El 11M yo dormía. No recuerdo bien el motivo, pero en la facultad habían convocado una huelga y por aquel entonces cualquier excusa nos era buena para no ir a clase. Me despertó un compañero de piso: “Carlos, ETA ha puesto una bomba“. El curso 2003/2004 era mi primer año en Madrid y, aunque soy muy impresionable, hasta yo había vivido más o menos de cerca algún atentado en las playas de Alicante. Así que debí gruñir algo parecido a “qué putada” antes de girarme y volver al sueño profundo. Sin embargo, el siguiente despertador no fue ningún compañero de piso, las sirenas de las ambulancias que corrían Castellana arriba y abajo no anunciaban algo parecido a una de esas bombas que ETA ponía en las playas de Santa Pola. Sin salir de la cama puse la radio y las primeras noticias ya hablaban de decenas de heridos y muertos en Atocha. El estado de shock paralizó Madrid. Tres años antes habíamos visto caer las Torres en Manhattan. Aquella vez nos consternó pero tal vez aletargados por las superproducciones americanas no acabó por golpearnos como debiera.
Sin embargo, esta vez las columnas de humo podían verse desde nuestro balcón. Recuerdo que un compañero de piso tenía que coger cada mañana la línea de cercanías que ahora ardía. La huelga de estudiantes salvó a muchos de la tragedia pero nuestros padres aún no lo sabían. Los teléfonos no funcionaban y la cifra de muertos iba subiendo. Cuando por fin pudimos hablar con nuestras familias todos (o casi todos) creíamos que era ETA. Nadie pensaba que ningún gobierno, del color que fuera, hubiera estado dispuesto a mentirnos con el origen de la peor matanza que había visto Madrid desde la Guerra Civil. Las elecciones generales (las primeras en las que yo podía votar) estaban a la vuelta de la esquina. George W. Bush había empezado una guerra en Irak y aunque en España el “No a la guerra” fue masivo, nuestros soldados jugaban a fabricar democracias a punta de ametralladora. Aznar no quería que su delfín Rajoy perdiera las elecciones por aquello de la herencia recibida y decidió que todo valía para retener un buen puñado de votos en la urna. Incluso llamó personalmente a los principales periódicos para poco más que dictar titulares. Las horas después del atentado la cúpula del PP había cocinado con premeditación aquella mentira. Un par de días después, cuando por fin pudimos quitarnos el miedo del cuerpo, leímos que en el resto del mundo ya sabían que había sido Al Qaida. Todos sabemos qué pasó más tarde. El “pásalo”, Zapatero, el Mundo… y, a pesar de que algunos días después un GEO (de los que pocos ya se acuerdan) murió en un piso en Leganés, algunos tardaron mucho en aceptar que se habían equivocado.
Sin embargo, hace unos días, González Pons, cinéfilo y conspiranoico convencido, se volvía a lucir. El popular afirmaba al hablar de Zero Dark Thirty que ”en la película que empieza con el 11M salen todos los atentados que tuvieron lugar como consecuencia del primer atentado de Al Qaida y no sale el 11M. Es curioso. Los guionistas norteamericanos, o la CIA, que es la que ha filtrado la información con la que se ha hecho la película, no incluye en los atentados practicados por el islamismo tras el 11-S nuestro 11-M“. Qué queréis que os diga, prefiero pensar que a algunos sus compañeros de partido les dijeron que había sido ETA y todavía no han despertado, a que hay gente tan mal nacida como para seguir sembrando la duda en tal de arañar un par de escaños.
El fútbol y Venezuela, sin grises
Ayer grité. El cromagnon que guardo dentro, y al que sólo dejo salir de la cueva los días de partido, se levantó y gruñó al bar entero. El Madrid había marcado el 1 a 1, después de una expulsión más que rigurosa y tras pasear su peor cara durante todo el primer tiempo. No pude evitar sentirme extrañamente bien al ver la cara de rabia de los aficionados del Barça que habían celebrado el gol en propia puerta de Ramos. En el 1 a 2, el resto de madridistas anónimos que poblaban aquel Frankfurt de Barcelona tampoco se contuvieron. Al final lo de siempre, pagar la cuenta y volver a casa con esa sensación que no me deja disfrutar de la alegría: el fútbol me hace peor persona. Dice un amigo que soy de los que primero se emborracha y luego mea culpa. No le falta razón.
Fuera del bar, Barcelona se llovía a mares. Mientras a Diego López le empezaban a llamar Santo, Chávez se había muerto. Los tuiteros corrieron a sus refugios antiaéreos, todas las trincheras tenían aprendidas sus consignas: Cargar la artillería y disparar a discreción. Las combinaciones eran múltiples: Madridistas pro Chavistas, Antichavistas barcelonistas, Barcelonistas pro Chávez y antimourinhistas, antiviolentos proPepe, seguidoras de Justin Bieber-profranquistas antidictaduras unidos por 140 caracteres y dispuestos dar lecciones magistrales sin conocer a fondo el temario. El monstruo del Dr.Frankestein de las redes sociales no necesita rayos para levantarse pero ruge con más fuerza cuando hay tormenta.
Ahora, mientras voy al trabajo y tras leer los titulares, he comprobado que las yihad de hoy en día ya no sólo se libran por religión. Los futbolistas, por ejemplo, son las nuevas divinidades y el fútbol una guerra santa. Leyendo las cabeceras deportivas (las nuevas madrasas) nadie negará que Barça-Madrid suena a Contrarreforma moderna donde la fe ciega va por bandos (mi grito incluido). Al deporte, como a la política, le faltan laicos. En el otro campo de batalla, falta poco para que los partidarios más firmes del chavismo empiecen a atribuir milagros al líder bolivariano y los detractores del antimperialismo dinamiten cualquier prueba objetiva del avance contra la desigualdad social en Venezuela. Puede que después de gritar te arrepientas pero antes te obligarán a escoger entre el me gusta del Facebook o el unfollow de Twitter. Coge la pala y cava la trinchera porque todo es roja o amarilla, negro o blanco. Quizá por eso hoy el día se ha levantado tan gris.








